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martes, 31 de julio de 2007

operación salida

Y con estos calores, propios de las fechas en las que estamos, se nos va hoy el mes de julio. Y con él, me voy yo, hasta mejor momento, que será en septiembre, más o menos, que con la (in)frecuencia de las últimas publicaciones nunca se sabe.

Intentaría justificarme pero ya les advertí una vez. Soy así, de natural inconstante. Varias veces he empezado entradas que se han quedado guardaditas como borrador esperando mejores momentos. Eso sí, les puedo decir que ninguna hablaba de secuestros, príncipes copuladores, curas protestones, euríbores, ni nada de eso. Empecé una que decía algo de un picnic a 12º a orillas del pantano del Arlanzón una tarde de julio pero se quedó en agua (nunca mejor dicho) de borrajas.

Queridos y queridas lectores y lectoras, si es que aún queda alguien, les deseo un buen verano, felices vacaciones para el que las tenga, que descansen si se van o disfruten de las ciudades desiertas si son de los que se quedan.

Mira tú que ha sido un mes de julio raro raro (July! July! it never seemed so strange)

lunes, 23 de abril de 2007

Niño, deja ya de joder con la pelota...

Imaginen: Toledo, primeros años 80. Un niño de unos 5 u 6 años monísimo (ese era yo) y un poco repelente, para ser honestos, se dispuso, a eso de las 10:30 de la noche a ver una peli, de la segunda cadena entonces, que, según había leído en el periódico (ya les dije que era un poco repelente, en realidad, bastante, casi tanto como ahora), era muy buena: "El Imperio de los Sentidos". Seguramente entonces con dos rombos todavía. La madre del repelente le dice:"¿Qué haces? esta película no es para niños" y él respondió: "¿por qué? si vosotros decís que las películas de violencia no son para niños, y esta no es violenta, que lo he leído en el periódico". Hay que joderse con el niñato, debió pensar. No ví la peli, claro, no se podía discutir.

Varios años después, en pleno boom de las hombreras de los primeros 90, ese niño, convertido en un preadolescente escucha de su padre: "No quiero que vayáis a ver Pretiúman, no es una película para vosotros". Claro, pobre. Leyó algo de una puta, un tiburón de las finanzas, uf!. Demasiado para el niño, debió pensar. Menos mal que a esas alturas la autoridad paterna era algo cuestionable y, eso sí, de estrangis me fui al cine a verla (algo muy difícil en aquella época teniendo en cuenta que sólo había dos cines en todo toledo).

Y es que así son ellos. Mis padres, quiero decir. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Sus normas inquebrantables, sus manías. etc. Les hablaría largo y tendido de ellos y ellas pero es que resulta que me leen. Sí. mis padres me leen. A veces incluso comentan.

Ellos, históricamente reacios a las nuevas tecnologías (desde el tocadiscos, el vídeo o el microondas hasta el ordenador, sin ir más lejos), cuando las han abrazado, lo han hecho con la fe del converso y ahí están, al otro lado. Leyendo estas historias, a veces reales, a veces no tanto, comentando e, incluso, recomendando algunas entradas entre sus respectivas trupes.

Así que ya saben. Mis padres me leen por lo que, si alguna vez les cuento alguna historia que les tenga como protagonistas, voluntarios o involuntarios, no sean demasiado duros con ellos. Al fin y al cabo, lo hacen lo mejor que pueden.

Como dijo Sánchez Arévalo en los Goya, gracias papá y mamá por llenarme de amor y traumas para contar todas estas tonterías que se me ocurren.

Besos y abrazos.

viernes, 2 de marzo de 2007

La ilusión

El miércoles por la noche, gracias al gran viracocha, antes llamado kariano y tornado ahora en gestor cultural de primer orden, asistí al ensayo general de La Ilusión, en el teatro de La Abadía, que se estrenó anoche.

(No se vayan a confundir: de lo que viene ahora no sabía nada hasta que internet en general y la wikipedia en particualr me han iluminado). La Ilusión es una obra de Corneille, que fue un escritor francés del siglo XVII, coetáneo de Molière (hay quien dijo que corneille fue su negro) o Racine (siempre quise escribir coetáneo), que trata del amor, de la fidelidad, pero también del teatro. Es teatro dentro del teatro dentro del teatro. La leche, y tiene 400 años. Ríanse uds. de los wachovsky y matrix.

Como no soy un experto y es una obra de la que no tenía ni idea de su existencia hasta la propia mañana del miércoles, no intentaré hacer ningún tipo de crítica. Sólo les digo que me gustó. Me gustó mucho (en ese contexto y de teatro gratis pues es fácil que te guste, dirán algunos. No lo niego pero, en todo caso, me gustó, y mucho, mucho más de lo que sugeriría el hecho de no haber pagado).

Los actores son muy buenos, todos. El montaje también. Los figurines de Caprile son muy bonitos y el texto de Kushner, que lo ha adaptado y modernizado, también merece la pena. La obra dura dos horas con un pequeño descanso y no se hace larga ni pesada en ningún momento y el final es realmente sorprendente (no digo nada que no se diga en otros sitios, eso sí, no lean la entrada de la wikipedia sobre la obra si piensan ir a verla).

Hasta aquí el culturetismo. Sigo con lo mío.

Me gustó todavía más el ambiente del ensayo general. Un ambiente tope corazziano-gafapastil, de actores jóvenes, de amigos, y con José Luis Gómez sentado en la butaca de al lado de la mía.

El teatro estaba lleno de gente que se abraza y se besa mucho y se habla tocándose, en plan, te muestro mi interés verdadero por lo que me dices pasándote la mano por los hombros y así. Algo que a mí me da, a la vez, mucha envidia y mucha aprensión. Eso del contacto personal me da bastante cosa, en general. Mi terapeuta dice que con diez o doce años más de terapia igual llego a superarlo y podré saludar con dos besos a mis amigos y amigas sin problemas excesivos.

No en serio. Me impresiona la forma en que somoz capaces de rehuir el contacto físico hasta casi llegar al pánico. Y eso me da una envidia tremenda (sobre todo a la vista de cómo están algunos actores y actrices, que madre mía).

Si la próxima vez, cuando les vea en persona me abalanzo sobre ustedes en un abrazo de oso, no me lo tengan en cuenta, estaré practicando las técnicas que me han recetado.

Que pasen buen fin de semana y cuídense.