El comentario perdido
He perdido un comentario. Es lo que tiene leer un montón de blogs y comentar compulsivamente. A veces, con la intención secreta, casi inconfesable, de que pinchen en mi firma quienes lean el comentario y lleguen a mi blog y mi contador se dispare, visto que, al contrario que a otros, a mí no me citan blogs de postín (vaya, ya me ha salido la envidia, con lo atadita que la tenía en el hígado)Bueno, el comentario en cuestión era una idiotez, sólo dos palabras, pero cargaditas de subtexto. Metalenguaje en estado puro. Y ahora no me acuerdo en dónde lo he dejado. Me da rabia porque me hubiera gustado saber si funcionaba o no. Es igual, a lo mejor me lo vuelvo a encontrar la próxima vez que pinche sin cesar el "abrir en una nueva pestaña" de mi firefox (piensa en ruso, firefox).
Resulta curioso, tengo una serie de blogs anotados en mis marcadores dinámicos (toma geroma, pastillas de goma) que consulto a diario. Pero luego empiezo a saltar a otros. Casi siempre a partir de los perfiles blogger de la gente que deja comentarios (gracias a estos saltos, le hice hace poco, sin saberlo, a una amiga una preguntita bastante insidiosa, jejejeje)
Otra gente lee unos pocos, seleccionados, muy seleccionados. Eso sí, están enganchados a las vidas ajenas. Me gustaría ser cómo ellos, pero no puedo. Yo es que es ver un comentario dejado por alguien con perfil blogger y allá que te voy.Yo soy así, inconstante en general.
Pues eso, que una compulsiva tarde como la de hoy, previa al gran partido (qué partido!), cuando tenía abiertas, s.e.u.o., unas 278 pestañas y después de haber repartido a diestro y siniestro comentarios nada ingeniosos, y es que los nervios en la boca del estómago devoran la escasísima creatividad con la que Dios me ha dotado, esta tarde, decía, cuando he intentado ver si mi comentario había sido convenientemente leido entre líneas, después de ir cerrando cuidadosamente todas las ventanas abiertas, he descubierto que lo había perdido. El comentario y el blog en el que estaba. Es una pena. Lo único que me queda es pensar que en otra tarde como la de hoy me lo encuentre allí, al pie de una entrada ya pasada, esperando que alguien lo lea bien, que los comentarios, como las novelas de faulkner, hay que leerlos bien, que si no se estropean.
Esto de la blogsfera es lo que tiene. Vas por ahí oliendo en casa ajena, entrando, no diré yo que hasta la cocina, pero sí hasta el zaguán (me gusta esa palabra, mucho más que hall o recibidor, aunque uso más estas dos últimas), esa estancia de la casa que suele estar siempre ordenada, incluso con fotos, porque es lo primero y, a veces, lo único que ven quienes vienen a casa, incluso sin avisar, y, encima, va uno dejando la tarjeta de visita. Un poco en plan "quien-es?-cartero-comercial-me-abre-por-favor".
Lo dicho, que hasta para bucear e inmiscuirse en los pequeños retazos de vidas ajenas, a veces reales, a veces inventados, que suponen los blogs, hay que ser ordenado y cuidadoso. Dos cualidades que brillan por su ausencia en el perfil blogger del Dr. Malcolm. Basta ver cómo tengo todo esto. Lo mismo te encuentras a Paris Hilton, que a una ministra, que a bach, que un manifiesto friki. Con este zaguán, imaginen el trastero.



































